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Tolkien, un viaje inesperado a la Tierra Media

Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro en la Tierra de Mordor 
donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un 
Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de 
Mordor donde se extienden las Sombras.

Ash Nazg durbatulûk, ash Nazg gimbatul, ash Nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul. Lengua negra de Mordor

Adentrase en el rico universo de John Ronald Reuel Tolkien es mucho más complejo que aquel viaje inesperado que llevase a Bilbo Bolsón hasta Erebor, la Montaña Solitaria. Ríos de tinta podrían trazarse sobre el gran mundo que creó Tolkien, padre de El Hobbit y El señor de los Anillos, a través de la Tierra Media. Pero como en toda buena historia, no adelantemos acontecimientos y empecemos por el principio…

¿Quién fue J.R.R. Tolkien? 

   John Ronald Reuel Tolkien, más conocido por J.R.R.Tolkien, nació el 3 de enero de 1892 en la ciudad de Bloemfontein, Sudáfrica. De padres ingleses, Tolkien vivió sus tres primeros años de vida en el continente africano hasta la muerte de su padre en 1896, año en que la familia regresaría a Inglaterra. La muerte volvería a sacudir la infancia del joven Tolkien con la muerte de su madre Mabel. Ronald Tolkien y su hermana quedaron bajo la tutela del padre Francis Xavier Morgan, un cura católico del Oratorio de Birmingham, situado en la zona de  Edgbaston. Morgan, andaluz aunque de padre galés, había apoyado moral y económicamente a la madre de Tolkien tras su conversión y había enseñado al joven Ronald las bases del idioma español, que este empleó en la creación de su naffarin. El Oratorio estaba casi bajo la sombra de las torres de Perrott’s Folly y Edgbaston Waterworks, que inspirarían las imágenes de las torres oscuras de Orthanc y Minas Morgul de El Señor de los Anillos.

Estudió en Oxford, y mostró muy pronto un vivo interés por la filología -formó junto a sus amigos la hermandad Tea Club and Barrovian Society (T.C.B.S.)– y las antiguas sagas y leyendas nórdicas. Hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, Tolkien siguió desarrollando su fascinación por la filología, no dejó de escribir y crear mundos imaginarios. Sin embargo, la guerra paralizó la vida de miles de europeos. En 1915, Tolkien se graduó en Oxford con una mención de honor en Literatura y Lengua Inglesas, y poco después de su graduación, se alistó en el ejército. El joven John fue testigo de la barbarie de la guerra, de la muerte de miles de compatriotas y la de sus amigos y miembros de la T.C.B.S.. El 27 de octubre, John sufrió la llamada fiebre de las trincheras y el 8 de noviembre fue trasladado a Inglaterra. Durante su período de convalecencia comenzó a trazar ‘El libro de los cuentos perdidos‘, historias y leyendas de los Días Antiguos de la Tierra Media.

    Tras haber trabajado en la redacción del Oxford English Dictionary, John entró como profesor no titular de Lengua Inglesa en la Universidad de Leeds en 1920. Aunque más tarde alcanzó el cargo de profesor. Una vez instaurado en Oxford, en 1926, conoció a otro amante de la literatura, C.S. Lewis, junto al cual formó el club literario, los Inklings, en el que también participaron Charles Williams y Owen Barfield. Cuando sus tareas profesionales le conferían un descanso, Tolkien continuaba trabajando en ese conjunto de historias y leyendas que acabarían convirtiéndose en ‘El Silmarillion‘. Tolkien mostró un especial interés por las mitologías nórdicas y  obras medievales, como el poema épico anglosajón Beowulf.  Su fascinación por las lenguas antiguas (conocía el griego, el anglosajón, el medio inglés, el galés, el gótico, el finlandés, el islandés antiguo, el noruego antiguo, el alto alemán antiguo) lo llevó a crear sonidos y a inventar lenguajes. He aquí, la importancia de cada lengua creada para cada pueblo de la Tierra Media.

  Por otra parte, John consiguió casarse con el amor de su vida, Edith Mary Bratt, fruto de esa unión fueron: John Francis Reuel, Michael Hilary Reuel, Christopher Tolkien y Priscila Anne Reuel. De hecho, fueron sus hijos el motor para que Tolkien escribiese, ‘El Hobbit‘, entendido como un cuento infantil. La obra fue publicada en 1937 por la editorial George Allen & Unwin. Tanto para editores como para el propio autor, el éxito de El Hobbit sorprendió a todos.  Su editor no dudó en pedirle una secuela. Así fue como Tolkien comenzó a escribir su obra maestra, El Señor de los Anillos, una de las grandes obras de la literatura fantástica del siglo XX. Tras 12 años, en 1954, debido al volumen alcanzado la obra se publicó en tres entregas, primero: ‘La Comunidad del Anillo‘, ‘Las dos torres‘, y en 1955, la última, ‘El retorno del Rey‘. Tolkien acompañó tanto El Hobbit como El Señor de los Anillos de varias ilustraciones y, sobre todo, mapas, para facilitar al lector el recorrido de Bilbo, primero, y luego de Frodo. Aunque Tolkien nunca se consideró un buen dibujante o ilustrador, sus dibujos consiguieron cautivar desde el principio a sus lectores.

   Paralelamente a ‘El Señor de los Anillos‘, Tolkien publicó varias obras: el cuento ‘Hoja, de Niggle‘, publicado en 1939 en el periódico Dublin Review, y la novela ‘Egidio, el granjero de Ham‘, publicada por la editorial George Allen & Unwin en 1949. En 1962, Tolkien publicó ‘Las aventuras de Tom Bombadil y otros poemas del Libro Rojo‘, una recopilación de 16 poemas, siendo sólo dos de ellos sobre el alegre Tom Bombadil. El resto son cuentos de hadas o relatos de bestiario en verso. Antes de su muerte, Tolkien publicó dos obras más: ‘Árbol y Hoja, y el poema Mitopoeia‘, un recopilatorio de varios cuentos publicado en 1964, y ‘El herrero de Wootton Mayor‘, cuento publicado en 1967.

    John se jubiló en 1959. En 1968, él y Edith se mudaron a la localidad de Bournemouth. Tras la muerte de Edith el 29 de noviembre de 1971, John hizo escribir sobre su lápida el nombre de Lúthien (personaje de El Silmarillion, una elfa, que tras la búsqueda del Silmaril, prefirió volverse mortal para compartir el destino de su amado Beren, un hombre). Tolkien fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II el 28 de marzo de 1972, año en el que también la Universidad de Oxford le nombró Doctor Honoris Causa en Letras. Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973. Hoy, la tumba de John y Edith en el cementerio de Wolvercote de Oxford (lápida en la que aparecen grabados los nombres de Beren y Lúthien) se ha convertido en lugar de peregrinación para sus admiradores.

El Hobbit

El Hobbit nació como un cuento infantil, que Tolkien escribió para sus hijos, el 21 de septiembre de 1937, por el que recibió el premio del New York Herald Tribune a la mejor ficción juvenil.

En El Hobbit, el lector conoce a Bilbo Bolsón y el idílico mundo de La Comarca. Los hobbits se caracterizan por ser gente pequeña, como niños a los ojos de los humanos, que viven tranquilos cultivando sus campos, sin sobresaltos. Bilbo recibirá la visita de un mago, Gandalf, quien atraerá hasta Bolsón Cerrado a la compañía de enanos de Thorin, Escudo de Roble: Balin, Glóin, Bifur, Bofur, Bombur, Dwalin, Ori, Dori, Nori, Óin, Kíli y Fíli. Gandalf tenía un gran cometido para la nueva compañía. Tras recuperar la llave de Erebor, Gandalf incita a Thorin que recupere su reino, ubicado en la Montaña Solitaria, usurpado por el temible Smaug.  La apacible vida de Bilbo se verá alterada a través de un viaje inesperado, lleno de aventuras, que le irán transformando. A medida que recorra el camino, Bilbo, junto a sus compañeros, se enfrentará a trolls, orcos y huargos, e incluso, a los elfos del Bosque Negro, hasta descubrir  cualidades que ni él mismo creía poseer. Bilbo pasará de ser un hobbit tímido, a ser un héroe, para encarnar valores como el honor, la amistad, la lealtad, y sobre todo, esa lucha entre el bien y el mal. En este viaje hasta la Montaña Solitaria, tanto Bilbo como sus compañeros los enanos vivirán un sinfín de aventuras,  hasta lidiar la última gran batalla, la de los cinco ejércitos, en la que hombres, enanos y elfos, lucharán para librar el mal de la Tierra Media. Será también en El Hobbit donde se conozca a la criatura Gollum y el anillo de poder, el cual, en un primer momento no tiene la relevancia que luego adquirirá con El Señor de los Anillos.

“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad”.

   El Hobbit, al mismo tiempo que es una novela juvenil imperecedera en el tiempo, es una historia de crecimiento personal y formas de heroísmo encarnadas principalmente en la figura de Bilbo Bolsón. De hecho, los críticos de la obra indican que todas estas facetas de crecimiento, así como los motivos de la guerra, son la propia experiencia de Tolkien durante la Primera Guerra Mundial. Además, de su influencia como conocedor  de la filología germánica y su interés por los cuentos de hadas.

   El Hobbit es, por tanto,  el punto de partida de un ambicioso ciclo épico que se concretó en la trilogía de El señor de los anillos (1954-1955), dividida en tres volúmenes: La comunidad del anillo (1954), Las dos torres (1954) y El retorno del rey (1955). Dirigida a un público adulto, la obra de Tolkien encontró a mediados de la década de 1960 una gran acogida, hasta el extremo de convertirse en libro de culto y dar lugar a un género en alza, la fantasía.

El Señor de los Anillos

El Señor de los Anillos nace como una trilogía a partir de su anterior obra El Hobbit, donde de nuevo vuelve a surgir esa lucha entre el bien y el mal, personificado en Sauron, el Señor Oscuro de Mordor. De nuevo, Tolkien hace gala de una exquisita maestría al crear hasta el último detalle de un universo lleno de realismo, en el que nada queda a las órdenes del caprichoso destino. Tolkien crea un escenario fantástico, llamado la Tierra Media, con toda una serie de historias y leyendas, donde todo está hilado de tal forma que el lector podría llegar a creer que dicho universo fue real.

El Señor de los Anillos empieza con las aventuras de la Comunidad del Anillo, formada por elfos, hobbits, enanos y humanos, creada para destruir destruir el Anillo Único, forjado por Sauron. Con este viaje, se inicio todo un periplo en el que se forjarán diferentes alianzas entre los pueblos libres que forman la Tierra Media para combatir el mal que anida en Mordor. Por su parte, Tolkien, con el fin de reforzar la historia, inventa un reino de fantasía cuyos habitantes, poseen una lengua e historia propias. El eje de la narración lo constituye la oposición entre el bien y el mal, una constante lucha que no deja de estar presente en toda la saga, y que en numerosos estudios se ha relacionado con el mundo actual del propio Tolkien. A través de un anillo de poder, como eje de la trilogía, se inicia un periplo donde constantemente habrá un enfrentamiento entre las fuerzas del bien y el mal, hasta la destrucción del anillo, en el Monte del Destino.

“Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.”

En numerosas ocasiones se ha apuntado que una de las fuentes de inspiración para la creación de toda esta saga está en las leyendas nórdicas y artúricas, a la vez que hay un marcada búsqueda espiritual, tarea especialmente difícil en una época de crisis de valores, les recordamos que Europa estaba siendo devastada por las hordas nazis. Las leyendas de la cultura anglosajona, y en especial la leyenda de Beowulf, constituyeron la fuente de inspiración para crear sus personajes fantásticos, muchos de ellos con una intencionalidad claramente simbólica. De hecho, tras varios estudios y análisis se ha llegado a la convicción de que existen numerosos paralelismos entre la saga de la Tierra Media y ciertos hechos de la vida de Tolkien con una gran carga moral. Suele argumentarse que El Señor de los Anillos representa a la Inglaterra de, durante e inmediatamente, después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque, el mismo Tolkien repudió ardientemente esta opinión en el prefacio a la segunda edición de su novela. Asimismo, su férrea creencia en el cristianismo también impulso pasajes de El señor de los Anillos, como la escena del Monte del Destino ejemplifica líneas del Padre nuestro.

Sin embargo, y al margen de los paralelismos que podemos encontrar en la obra con el contexto que vivió su autor, que como ya les apuntábamos al principio de este humilde artículo daría para mucho más, la gran victoria de Tolkien fue la recuperación de la literatura fantástica para adultos en un marco muy concreto que apuntaba hacia la extenuación. Tolkien podríamos tildarlo como el salvador y  precursor de un género, fantástico, que a día de hoy no ha dejado de vivir su momento de gloria. De hecho, no creo que ni el mismo Tolkien se imaginase que  El señor de los Anillos se convertiría en obra de culto para miles de personas, e incluso, en una obra de estudio de algunas de las más famosas universidades del mundo. Los libros de Tolkien han formado parte de la vida literaria de numerosos lectores más de medio siglo después de su publicación, e incluso, han llegado a la gran pantalla, en definitiva, ¿quién puede resistirse a viajar por La Comarca hasta llegar al mismo Monte del Destino?

Artículo publicado también en la Revista Los ojos de Hipatia 

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