Close

Sobre la fotografía de Susan Sontag

En este libro, Susan Sontag recoge seis ensayos publicados entre 1973 y 1977 donde ahonda sobre varios aspectos de la fotografía que abarcan desde el arte, la moral, la estética, el consumo, e incluso, la ética. A lo largo de esta obra, Sontag nos muestra cómo ha impactado la fotografía en la sociedad, qué lecturas ha tenido, cómo ha sido capaz de alterar la visión -también el mundo- y actuación del hombre delante de una cámara, e incluso, cómo hemos sido capaces de replantear el significado de belleza condicionado por el poder de la imagen. Al igual que la pintura, un claro exponente es Balthus, la fotografía ha hecho que confluyan lo bello y lo siniestro en una misma imagen.

Aunque las reflexiones de Sontag pertenecen al siglo XX, sus divagaciones no han perdido vigencia, es más, si ya en aquellas fechas habló del poder de la imagen como rito social y como plasmación necesaria de las experiencias vividas, ¿qué pensaría a día de hoy con el boom de redes sociales como Instagram, donde cualquiera que tenga un móvil más o menos decente se ha convertido en paparazzi de su propia vida? ¿Qué pensaría de esa obsesión -casi adicción en algunos- a los likes que reciben sus publicaciones o fotografías? ¡¡Hoy en día todo es «fotografiable»!! ¡¡Hoy en día todo el mundo se siente amateur de la fotografía!! Si aquellos que criticaron sin piedad a Daguerre levantaran hoy la cabeza, desdibujarían aquella máxima sobre la maldad del hombre, para reescribir que el hombre es estúpido por naturaleza; o como dijese Albert Einstein: «hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro».

Decía Sontag: «coleccionar fotografías es coleccionar el mundo», cierto, y más en estos tiempos, donde parece obligatorio fotografiar todo aquello que haces, consumes, disfrutas, odias, etcétera. Sin embargo, el hecho de querer inmortalizar todo aquello que hacemos creo que también responde a la necesidad de frenar, o congelar, el paso del tiempo, e inclusive, la misma muerte. Todos sabemos que vamos a morir, pero siempre se ha dicho que no se acaba de desaparecer hasta que no se te olvida. El olvido. Quizás hay radique parte de ese afán por fotografiarlo todo, a nosotros y a nuestro entorno, para no ser olvidados, para no acabar de marcharnos aun cuando nuestro cuerpo ya sea solo polvo. Quizás, más allá del puro hedonismo, o ese desenfreno narcisista, nuestro miedo a ser olvidados después de batallar durante toda una vida, sea lo que nos haga querer permanecer en el recuerdo aunque sea a base de fotografías. Memoria y olvido. ¿Qué somos sino memoria? Desde los albores de la fotografía, se dijo que ésta era memoria: «Todas las fotografías son momento mori. […] Todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo». Las fotografías son una forma de suscribir la experiencia, una realidad fragmentada, interpretada por el ojo que dispara, pero que permanece en el papel.

Asimismo, desde que se iniciase la primera Revolución Industrial, las sociedades han estado inmersas es una debacle consumista y creación constante de nuevas tecnologías. El neoliberalismo ha potenciado un consumismo voraz, nada escapa al mercado. La fotografía no podía ser menos. La sociedad consume a golpe de imagen, por ello, fotografiar se ha convertido en una herramienta de consumo y la tecnología ligada a la fotografía mucho más. La transcendencia de la fotografía se ha perdido en el tiempo, ahora, la cámara fotográfica lo captura todo, no hay fronteras. No hay moral. El fotógrafo, al igual que el cazador, persigue a su presa sin piedad, buscando, anhelando lo más exótico, lo que aún no haya sido capturado por ningún otro fotógrafo. La inmediatez se impone, frente a la pintura, la fotografía permite capturar imágenes que al pintor le hubiesen sido imposibles retratar. El fotógrafo siempre experimenta, también pervierte la realidad, que queda ligada a la mirada de quien dispara. En palabras de Sontag, «las cámaras reducen la experiencia a miniaturas, transforman la historia en espectáculo. Aunque crean identificación, también la eliminan, enfrían las emociones. El realismo de la fotografía crea una confusión sobre lo real que resulta, a largo plazo, moralmente analgésica y además, a corto y largo plazo, sensualmente estimulante».

La lectura de Sontag hay que encuadrarla en un contexto socioeconómico muy concreto, ni siquiera había caído el muro de Berlín, y el mundo entero estaba polarizado en dos bandos bajo ese clima encrispado de la Guerra Fría, que lo dividía todo en capitalismo versus comunismo. A través de diferentes fotógrafos: Arbus, Stieglitz, Evans, Gee, Avedon, Warhol, entre otros; citas literarias: Zola, Hawthorne, Whitman o Millet; y cinematográficas: La ventana indiscreta o Blow-Up, entre otras, Sontag invita a reflexionar sobre la producción fotográfica, la moral de la fotografía y hasta qué punto se pervierte o se transgrede la realidad, hija siempre de un tiempo propio. Sontag, a lo largo de este escrito, va mostrando diferentes puntos de vista para expulsar al lector de su zona de confort e invitarle a meditar sobre diferentes aspectos que giran alrededor de la fotografía, pero también, y especialmente, cómo construimos ese mundo a través de las imágenes que se capturan de un tiempo concreto y acotado. Es por ello que hace un especial hincapié en Diane Arbus, de quien dice que su obra es «desde fuera». Arbus no pretende explicar ni profundizar en aquello que fotografía, más bien, es una forma de subvertir el orden establecido, pero buscando ese toque exótico, dejando a un lado la moral o la ética. Aunque la temática de Arbus es siempre tan siniestra, su pasión por fotografiar los aspectos más turbios de la sociedad, sirve como radiografía de todos aquellos puntos que Sontag nos describe sobre las aristas de la fotografía, pero que, quizás, permitió sentar las bases de la fotografía social. Mediante el análisis de diferentes fotógrafos, Sontag habla de la propia lingüística y visión ética que encierra la fotografía. El objetivo de Sontag, por ende, será mostrar cómo la fotografía, desde sus orígenes, ha ido cambiando y, con ella, la sociedad en su conjunto. Sontag revela cómo la fotografía ha evolucionado, cómo ha influenciado en la sociedad y cómo ha permitido al espectador y al fotógrafo interpretar un presente, que se haría pretérito al menor click de la cámara fotográfica.

En definitiva, Sobre la fotografía permite al lector conocer la evolución de la fotografía dentro de los cambios socioculturales desde sus primeros pasos de vida, puesto que la fotografía, la imagen, está sujeta a un individuo, a un ojo, a una interpretación.

Por Arantxa Carceller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *