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Reyes Monforte: “Cómo iban a pensar que los iban a meter en hornos crematorios y en cámaras de gas”

Entrevista a Reyes Monforte por Postales del Este

Por Arantxa Carceller

La periodista y escritora Reyes Monforte (Madrid, 1975), Un burka por amor, La rosa escondidaLa infiel o Besos de arena, entre otros libros, regresa a las librerías con la novela Postales del Este (PLAZA & JANÉS), en la que narra la vida y muerte de algunas de las mujeres que pasaron por las garras de Maria Mandel, la SS-Lagerführerin, jefa de campo de Auschwitz-Birkenau, sobre todo, la de la judía Ella, quien con una caligrafía bellísima luchará contra el olvido, que los nazis quisieron imponer a los prisioneros.

   La escritura y la memoria se convertirán en la piedra angular de esta desgarradora historia, aunque el silencio acompañase a la mayoría de los supervivientes de Auschwitz, tras ser liberados el 27 de enero de 1945, porque el horror fue tal, que muchas historias se perdieron. “Nos creemos que sabemos mucho de Auschwitz, pero realmente no conocemos tanto”, confiesa la propia Reyes, al hablar sobre la importancia de las palabras.

Postales del Este es un homenaje a todas esas vidas cercenadas por la locura, la sinrazón y la maldad nazi. A través de una brillante construcción y proceso de documentación, Monforte permite al lector viajar a unos de los lugares más escalofriantes sobre la faz de la tierra, el campo de concentración Auschwitz-Birkenau, donde convivirán personajes ficticios con personajes reales como: Irma Grese, Maria Mandel, Josef Mengele, Heinrich Himmler, los comandantes Josef Kramer y Rudolf Höss, el doctor Hans Münch, Ilse Koch, y presas como Ana Frank, la admirable violinista y sobrina de Gustav Mahler, Alma Rosé, Wilhelm Brasse, quien pasaría a la historia como el fotógrafo de Auschwitz, o la famosa ginecóloga judía, Gisella Perl, quien practicó miles de abortos y partos clandestinos en Auschwitz-Birkenau para poder salvar la vida de sus madres.

¿Cómo surgen estas Postales del Este?

“Surge de una manera casual. Toda la vida me he sentido muy atraída por la temática de Auschwitz, el Holocausto, de la Alemania nazi, el Tercer Reich, de la Segunda Guerra Mundial, porque creo que la historia desde el pasado nos está mandando constantes postales, mensajes y cartas para advertirnos de lo que puede pasar en el presente y en el futuro. Pero la verdad es que no pensaba escribir una novela ambientada en Auschwitz. En una de mis últimas visitas al museo estatal de Museo Estatal Auschwitz-Birkenau encontré un panel, en una de las paredes del museo, que contenía una serie de fotografías de los oficiales de la SS que habían tenido voz y mando en el campo de Auschwitz. Todos eran hombres, con sus uniformes de la SS, excepto una mujer. Esa mujer era Maria Mandel. Me llamó tanto la atención, que tiré un poquito del hilo para intentar saber quién era esta mujer, qué hizo y me encontré con una mujer que con apenas treinta años se había convertido en 1942 en la jefa del campo de Auschwitz-Birkenau. Se había ganado a pulso el nombre de la bestia de Auschwitz. Fue responsable de más de medio millón de asesinatos, sobre todo, mujeres y niños, porque es lo que le gustaba a ella, matar. En el juicio dijo que a ella sólo le daban ordenes, y ella las cumplía, pero ella disfrutaba matando, torturando, apaleando a mujeres, incluso, embarazadas y niños. La verdad es que me sorprendió mucho que una mujer en 1942 y en un lugar como Auschwitz tuviera ese cargo. Hoy en día podemos ver a una mujer en cualquier cargo, pero una mujer en 1942, sobre todo con Hitler diciendo en todos los discursos que una mujer podría ser más útil para el Tercer Reich dándole ocho o nueve hijos como la mujer de Goebbels, que siendo una mujer doctora, ingeniera o cualquier tipo de profesión que ejerciera. Así que me llamó mucho la atención. Esa fotografía unida a una historia que me contó uno de los visitantes, que yo creo que era algo más que visitante porque sabía demasiado, para ser una persona que iba a visitar el museo. Me contó que los prisioneros de Auschwitz ante el temor de no sobrevivir y que los nazis destrozaran todas las huellas de lo que había sido Auschwitz, empezaron a escribir postales y fotografías que decidieron enterrarlos en el suelo de Auschwitz, e incluso objetos, para que así el mundo, cuando todo acabara, supiera lo que había sucedido allí. Décadas más tarde, cuando el museo de Auschwitz-Birkenau hizo una serie de remodelaciones y al levantar esa tierra se encontraron con esos mensajes, esas postales de los presos. Escritos en varios idiomas, con nombres, con apellidos. Eso fue veinte, treinta y cuarenta años más tarde. Por eso, me llamó la atención tanto la historia de Maria Mandel como el valor que le dieron a la palabra como una manera de mantener viva la memoria. Y así surgió.”

¿Postales del Este es un alegato a favor de la memoria, tanto la individual como la colectiva?

  “Algo en lo que coinciden todos los supervivientes de Auschwitz, que ya van quedando menos, es pedirles a sus hijos, a su familia, a sus amigos, que no dejen de contar a las nuevas generaciones lo que pasó en Auschwitz, porque los jóvenes, y no tan jóvenes añadiría yo, son muy dados al olvido, además se creen inmunes e impunes a la historia. Hay que recordar que los jóvenes que sufrieron el Holocausto, que fueron detenidos y deportados a los campos de concentración, tampoco pensaban que a ellos les iba a ocurrir nada. Cómo iban a pensar que los iban a meter en hornos crematorios y en cámaras de gas. Es que era imposible imaginarse algo así. Parece mentira y cuesta creerlo hoy en día, imagínate vivirlo. De hecho, uno de los personajes de la novela, la ginecóloga Gisella Perl – que sí existió- en su lecho de muerte, le pidió a su hija que no dejase de contar lo que pasó en Auschwitz. Es necesario ese ejercicio de no olvidar. No olvidar nunca ningún tipo de terror. Este año celebramos el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz y quedó enterrada allí la historia, pero todo lo que provocó Auschwitz, el racismo, el odio, el antisemitismo, la intolerancia, todo eso sigue en nuestro tejido social. Eso es inherente al ser humano, no a un trozo de tierra, de país o unos ladrillos. Eso lo porta el ser humano, quien no quedó en 1945, sino que continua. Por eso la importancia de la labor de Ella, de su resistencia, de escribir los nombres de las personas que estaban siendo asesinadas. No podía salvar sus vidas porque era imposible, pero al menos si podía guardar su memoria, sus nombres, porque eso es lo que nos hace únicos a cada uno. Por algo los nazis, cuando los deportados entraban en Auschwitz, y en cualquier campo de concentración, lo primero que hacían era quitarle el nombre, porque poniendo un nombre a una historia, la humanizas. Eso es lo que querían evitar los nazis y eso es lo que los prisioneros, tanto los que escondían mensajes y objetos en la tierra de Auschwitz como la protagonista de Postales del Este, que se estaban jugando la vida -porque la escritura estaba prohibida en Auschwitz-, intentaban proteger, la memoria, para demostrar que su cuerpo existió, su existencia fue real.”

    Una memoria, que llegados a un punto de la guerra sólo atendía a una cuestión: el exterminio de los judíos. ¿Sí o sí, ya no importaba nada?

“A finales del 44, Hitler ya sabía que tenía la guerra perdida. Los aliados estaban ganando terreno y él ya se estaba olvidando de su gran sueño de construir una gran Alemania, e incluso más allá de Europa. En el 42/43, él quería ser amigo de Franco para llegar a África. Esos planes fallaron. Su gran preocupación era erradicar, exterminar, la raza judía, por eso desde mediados del 44 los hornos crematorios estuvieron funcionando las 24 horas y las cámaras de gas. Perderían la guerra, pero iban a erradicar a toda la raza judía.”

    Siempre se habla de nombres como Hitler, Himmler Goebbles, entre otros, pero Maria Mandel es un ejemplo de que la maquinaria de la muerte también estaba formada por mujeres.

“Es verdad, pero es que la maldad como la bondad no tiene género. Es verdad que las historias que nos han contado ambientadas en Auschwitz, o cualquier dictadura, Mussolini, Stalin, siempre nos han situado a las mujeres en un papel de prisionera, o como mucho, mujer o amante de algún miembro de la SS. Por eso me llamó tanto la atención la fotografía de una mujer con ese poder. Maria Mandel, con apenas treinta años, se convierte en jefa de campo de Auschwitz-Birkenau. Ten en cuenta que Himmler lo que decía para llevar acabo la solución final, eran hombres de la SS, con brazos de acero y que no tuvieran sentimentalismos, que no tuvieran conciencia. Ese hombre, con brazos de acero, lo encontró en una mujer, en Maria Mandel, porque fue él quien la puso en Auschwitz-Birkenau. Sabía lo que Mandel había hecho en el campo anterior, Ravensbrück, con 24 años, por donde pasaron casi 4.000 mujeres para ser instruidas en el gobierno de los campos de concentración. Ninguna llegó a lo que alcanzó Maria Mandel. Eso sólo en Ravensbrück, imagínate en el resto de los campos. Por tanto, hubo miles y miles de mujeres. “

¿Nada hacía pensar que una mujer como María Mandel pudiese acabar convirtiéndose en el monstruo que fue?

«Maria Mandel era una chica normal, trabajaba en la estafeta de su pueblo, iba a misa todos los domingos, e incluso, tuvo un novio polaco contrario a la ideología de Hitler. No vivió ningún trauma ni en la infancia ni en la adolescencia. Es increíble. No tiene sentido. Por eso, no hay mejor nombre para definirla que el que se ganó en Auschwitz, La Bestia, porque cuesta mucho entender estos personajes, quienes existen en una contradicción permanente. Fíjate una mujer que le apasionaba matar, al mismo tiempo, fue la creadora de la orquesta de mujeres de Auschwitz. Esta mujer no lloraba cuando mataba a un niño, pero lloraba cuando escuchaba un aria de Madame Butterfly. Como ella, también Mengele, quien venía de hacer unos experimentos médicos, como llamaba él, a lo que eran torturas puras y duras, y decía que era imposible no emocionarse con Schubert.”

  Parece imposible entender esa locura, esa dualidad con la que vivían. ¿Alguien podría?

  “Hace unos meses, uno de los pocos supervivientes, que quedan todavía con vida, hizo una serie de conferencias por Europa y vino a España. Uno chico joven del público le preguntó que no era capaz, aunque había leído mucho, de entender cómo pudo pasar aquello que pasó. El superviviente de Auschwitz le dijo: “mira, yo que estuve allí, todavía no lo entiendo.” Imagínate la irracionalidad que se vivió. Imagínate lo que vivieron ellos.”

Por eso, ante tanto horror la importancia de las palabras. Aunque, como vemos en el libro, ¿las palabras tampoco escapan a la tortura y su manipulación?

  “Es verdad que con las palabras empieza y termina todo. Suelo decir que Postales del Este es una historia sobre el poder liberador, sanador, curativo y casi reparador de las palabras. Pero claro, está la otra vertiente. Los nazis utilizaban esas mismas palabras, rompiendo y retorciendo el significado de las palabras. Lo bueno y lo malo empieza con las palabras, porque Auschwitz no comenzó con un campo de concentración, el Holocausto no empezó con Hitler diciendo meter a los judíos en hornos crematorios. El Holocausto comenzó décadas, e incluso, siglos antes, como aparece en el libro, editoriales de periódicos franceses de 1894, donde amparándose en una falsa, tramposa, libertad de expresión -aquí también hay otro debate interesante- lanzaban soflamas antisemitas. Esa frase que leí en ese periódico francés de 1894, “Francia para los franceses”, es lo que estoy escuchando ahora a determinados presidentes. Por eso, hay que tener cuidado con las palabras, porque todo empieza con ellas, lo bueno y lo malo.”

En fin, parece que no aprendemos mucho de la historia.

  “Yo no sé si aprendemos poco, mal o mucho. Lo que sí que sé es que no tenemos mucha memoria. No podemos caer en esa trampa. Si caemos en esta trampa del olvido o en no conocer la historia por nosotros mismos y dejamos que otros, con unos intereses creados, nos cuenten su versión de la historia, corremos el riesgo de que nos manipulen y que nos han actuar como ellos quieren.”

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