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Rebeca de Alfred Hitchcock

Rebeca (1940), basada en la homónima novela de suspense e intriga psicológica de Daphne du Maurier, fue el primer film del cineasta inglés, Alfred Hitchcock, rodado en Hollywood, gracias en parte a su productor, David O. Selznick. Se cumplen 81 años desde su estreno, y su atmósfera fantasmagórica y opresiva, sigue cautivando a generaciones enteras. La película supuso un rotundo éxito para el propio Hitchcock y sus actores principales: Joan Fontaine y Laurence Olivier.

Tras la muerte de su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven dama de compañía de una señora americana. De Winter y la joven se casan y se van a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley. La nueva señora De Winter, sin embargo… La pobre Cenicienta descubrirá un cuento totalmente distinto.

Anoche soñé que volvía a Manderley… una voz en off nos adentra en la ya abandonada mansión Manderley, aunque aún enigmática y misteriosa, para recordar el inicio de una historia en la que una mujer, Rebeca, la protagonista omnipresente, y al mismo tiempo, ausente, marcó la vida de cuantos la rodearon. Esta historia de reminiscencias góticas -puede recordarnos a los cuentos de Henry James-, narra la historia de dos mujeres a través de una anodina historia de amor. La primera, la que da nombre al film, será la sombra de la segunda, de la que no llegaremos a saber su nombre, al convertirse en la señora De Winter (Joan Fontaine), tras su boda con Maxim (Laurence Olivier). Las mujeres y Hitchcock. Pero, ¿quién es Rebeca? Su recuerdo estará presente en cada una de las estancias de la casa y, sobre todo, mediante la ama de llaves, Judith Anderson, tan siniestra, tan perversa, quien parece enamorada de su señora. Ella será la encargada de fustigar a la nueva señora De Winter hasta límites inesperados. La fotografía jugará un papel crucial para crear esos ambientes cargados de angustia e incertidumbres. De Rebeca sólo sabremos a través de las voces de los distintos personajes que desfilan por el escenario. He aquí, Hitchcock realiza un fascinante juego psicológico, en el que la muerta constantemente atenaza la existencia de la viva. La perversidad contra la inocencia. Así son las mujeres de Hitchcock. O pusilánime, cándida, bondadosa. O pérfida, castradora, malvada. ¿Cómo sería la madre de Hitchcock? ¿Qué relación tenía Hitchcock con las mujeres? Se rumorea que el mismo Hitchcock convenció al actor Laurence Olivier (señor de Winter) de tratar mal a Joane Fontaine (señora de Winter) durante el rodaje. Asimismo, le hizo creer a la actriz que el equipo de producción la odiaba. ¿El fin? Ensombrecer el carácter de la actriz dentro de la pantalla.

   Hitchcock, al igual que un ilusionista, traza un juego de apariencias, lleno de mentiras, -recuerden el supuesto cadáver de la mujer que Maxim reconoce como su esposa muerta-, con el objetivo de engañar al espectador, hasta el punto de crear una verdad que será desvelada casi al final, para sorpresa de todos. Los giros también son una huella del cineasta inglés. De igual forma, no es casualidad que este perverso maestro del misterio rodase en blanco y negro, en 1940, ya se rodaba en color, pero el objetivo era darle a la película un toque más sombrío, fantasmal.  Al igual que las dos ciudades que utiliza durante la película, Montecarlo, la luz, donde Fontaine no vivía atormentada; en contraposición a Reino Unido, donde se ubica Manderley, las sombras, la oscuridad, el escenario donde Fontaine borrará su sonrisa. Aquí Hitchcock no realizará muchos primeros planos sobre Fontaine, porque se busca empequeñecerla. La casa la devora. El recuerdo de la difunta también. Las sombras serán una constante. La decoración de la propia mansión, e incluso, la ubicación de los propios protagonistas dentro de los planos, no son frutos del azar. No hay puntada sin hilo. Igualmente, el fuego y el mar serán parte del guion. Al final de la película, el fuego devora los temores, los miedos, en cambio, el mar será la salvación, apaciguará los desasosiegos de la pobre Fontaine.

Por Arantxa Carceller 

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