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Luz Gabás: "Volver a la tierra es posible, vivir de la tierra es complicado"

Por Arantxa Carceller

«No tenía claro todavía si Alira lo era, pero había algo en ella que no le gustaba. Quizás fuera la fragilidad que destilaba a pesar de su aspecto físico. Esther era una mujer batalladora y eso a veces la convertía en injusta: no soportaba a los débiles de carácter. Con ellos tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no perder la objetividad, algo esencial en su trabajo». (Página 16) 

«Durante el tiempo que le quedase de vida, cargaría con la deshonra de ser quien había vendido lo que sus antepasados habían conseguido. Para cualquier otra persona esto podría resultar incluso ridículo. Para ella era un drama».(Página 28)

«El pasado nunca es inofensivo».(Página 184)

    Luz Gabás (Huesca, 1968) vuelve a las librerías con El latido de la tierra (Planeta), una novela de varios ingredientes, que tiene como telón de fondo la España despoblada, con la intención de invitar al lector a reflexionar sobre el paso del tiempo. «Quería hablar sobre todo del paso del tiempo y cómo nos aferramos a cosas que jamás volverán», explica Gabás. Y todo ello, aderezado con una banda sonora muy particular, la de la propia escritora, que aporta dimensión a la novela y un guiño a toda una generación. El latido de la tierra es una historia apasionante, que encierra más reflexiones y lecturas de las que en apariencia creemos ver.

Mediante esta historia, Gabás plasma su pasión por el mundo rural, aunque no duda en señalar la crueldad de cómo sucedieron las despoblaciones, la brecha entre las ciudades y la vida rural y cómo el tiempo ha ido idealización lo rural y su recuperación. “Un pueblo vacío es una historia truncada”, escribe la escritora aragonesa al final del libro. Ella bien lo sabe. «Hija de quienes dejaron el pueblo para ir a vivir a poblaciones más grandes, que ha conocido la transformación de agrícola a industrial de unas poblaciones y de agrícola/ganadera a turística de otras poblaciones. Todo eso me ha permitido hablar de muchas subtramas de las últimas décadas y también me ha permitido crear personajes que son reconocibles», confiesa Gabás al hablar del escenario de su novela y la situación del mundo rural . «Somos tan pocos en el mundo rural, que cualquier inversión, es mucho dinero. Se está haciendo algo concreto, como que haya banda ancha, internet, eso es fundamental. Para mí hoy en día, las carreteras e internet son fundamental, lo demás ya llegará. Porque volver a la tierra es posible, vivir de la tierra es complicado. La administración es muy pesado, competir con lo que marca Europa. Pero lo importante, creo, es que se habla mucho de despoblación y eso es bueno, aunque, lo importante es cambiar de discurso. Hoy en día tendría que dar igual donde vivir, ya sea el campo o la ciudad.» Bajo un halo de romanticismo y escrito de una forma exquisita, Gabás fluye entre el pasado y el presente para presentar al lector la personalidad propia de la mansión -Casa Elegía- y las ruinas del pueblo de Aquilare, quienes también son personajes más con personalidad propia. La propia decrepitud de la casa tejerá una red de anhelos y sueños aplazados, hasta el punto de olvidar quién es quién y, sobre todo, qué quieres ser o cómo quieres vivir tú vida.

Gabás arranca con ‘Paint it Black’, de los Rolling Stones, y Alira, la protagonista de esta historia, la heredera de una mansión y sus tierras, que han pasado de generación en generación. Esa carga generacional condicionará la vida de Alira, quien verá tambalear sus cimientos tras una desaparición inesperada y la llegada de unos repobladores. Gabás narra una historia de amor, «con mayúsculas», -prosigue Gabás-, «que es el canto a la vida con sus luces y sombras, con lo negativo que arrastramos y con los positivo que hemos heredado. Creo que lo bonito de esta novela es que abre una puerta a la esperanza y viene a decir que la felicidad en realidad depende de ti, y ya sé que esto no es fácil de decir y hay mucha gente que tiene muchos problemas, pero estoy hablando en términos generales. En el caso de Alira lo hermoso de ella es esa transformación de la oscuridad a la luz, para convertirse en un personaje luminoso.» Por ello, El latido de la tierra es también un viaje iniciático, un viaje de no retorno hacia un futuro incierto, pero aún por dibujar. Sin importar la edad, la condición. «Me pareció muy interesante tener un personaje que está dispuesto, aunque no lo sepa, a transformarse a su edad. Y esto es bello. Porque viene a decir, que el envejecimiento no tiene nada que ver con el paso del tiempo, o no tanto con el paso del tiempo, que también, sino con la perdida de ilusión», -aclara Gabás-. «El arraigo excesivo es el que hace que Alira, aunque ella lo ignore, no sea libre para decidir su camino. Solo cuando esas ataduras se rompen, ella se da cuenta, de que en realidad, las raíces se llevan dentro y no tienen tanto que ver con el espacio físico, sino con algo más íntimo. Lo llevas dentro y puedes vivir donde sea, porque tú seguirás siendo quién eres, por ese pasado que arrastras.»

A través del formato de novela negra, en este caso podríamos tildar de country noir, que gira alrededor de una investigación policial, Gabás reconoce que le ha resultado «una novela difícil de escribir, porque tenia que encajar muchas piezas, porque cuando quieres contar muchas cosas, no puedes soltar un rollo porque sí. Yo la veo como una obra muy orgánica, donde todo tiene que ver con esa amalgama de géneros, de temas, de personajes, hasta la frase más corta tiene que ver con todo lo que está sucediendo.» Como bien arguye Gabás, El latido de la tierra contiene muchos elementos que dotan a la historia de una gran riqueza y ritmo. Tampoco está exento de crítica social, al mismo tiempo, que hace un homenaje a la generación de los 60 y principios de los 70. También es una novela coral, donde un reducido grupo de amigos de la infancia se reencuentra años después, como aquellos de Peter, con la nostalgia del tiempo pasado pegado a los párpados. Todos terminan conviviendo en la casa de Alira, que la convierte en una especie de casa rural. Por fin, la soledad de Alira se ve interrumpida. No obstante, la convivencia comienza a resquebrajarse cuando empieza a salir humo de una las chimeneas del pueblo fantasma -un grupo de idealistas, hartos de las penurias de las ciudades, deciden repoblar y reconstruir aquellas ruinas-  y aparece un cadáver, en avanzado estado de descomposición, en un pozo situado en la bodega de casa Elegia. Sin embargo, la amalgama de historias hiladas, incluido el crimen, son las diferentes que tendrá que atravesar la propia Alira para llegar a escuchar el latido de su propio corazón, como esclarece la escritora de Palmeras en la nieve o Regreso a tu piel, entre otras. «No quería que la trama policiaca fuese lo más importante», arguye Gabás, «sino que la trama policiaca fuese el trabajo de la subteniente Esther, que al fin y al cabo es una funcionaria, que está al borde de la jubilación y está cansada de ver tanto mal. Y lo único que quiere, y eso la convierte también en un personaje muy identificable, es terminar con su trabajo, jubilarse y vivir en paz. Por eso he creado a una persona normal y corriente, aunque en esto si hay un guiño a todas esas novelas policiacas donde ocurre todo lo contrario. Tampoco quería desviar mucho la atención de la búsqueda real, que para mí es la búsqueda de la personalidad de Alira, su propia búsqueda, su propio viaje. La subteniente está para sacar los fantasmas y, ahí, necesitaba una mujer experimentada, para ser capaz de ver detrás de lo que la apariencia vela.»

Por otra parte, El latido de la tierra es un canto contra el desencanto, la falta de sueños, la pérdida de ilusiones. «Mientras escribía esta novela, percibía a mi alrededor cierto hartazgo y desencanto. Por eso, quería escribir una novela que fuese un canto contra el desencanto y también una advertencia, que sirve para reflexionar sobre cómo creíamos de jóvenes que íbamos a ser, el tiempo ha pasado, cómo nos vemos, estamos de acuerdo o no y si queremos, deseamos, podemos, reconducirnos.» ¿Una oda a la vida? Gabás afirma y sonríe. Por ende, El latido de la tierra es una alabanza a la existencia, donde confluyen diferentes interrogantes entre lo viejo y lo nuevo, lo rural y lo urbano, el pasado y el futuro, la tradición y lo nuevo. Porque como esgrime Gabás, «todo depende de cómo tú lo mires o cómo tú lo sientas. y eso a veces cuesta darse cuenta y más hoy en día que vivimos en una sociedad que tiende a etiquetarlo todo.»

En definitiva, El latido de la tierra es una novela de búsqueda, de reconciliación y, sobre todo, de esperanza, capaz de cautivar desde la primera página.

Sobre la autora

Luz Gabás Ariño nació en 1968 en Monzón (Huesca). Se licenció en Filología Inglesa y obtuvo la plaza de profesora titular de escuela universitaria. En 2007 escribió su primera novela, Palmeras en la nieve. Publicada en febrero de 2012, se convirtió en el debut español de más éxito de ese año y fue traducida a distintos idiomas. La adaptación de la novela al cine supuso un rotundo éxito y la película consiguió dos premios Goya.

En 2014 publicó Regreso a tu piel y, en 2017, Como fuego en el hielo. Con ambas novelas, editadas por Planeta, Luz Gabás se consolidó como una de las grandes autoras de nuestros días, por lo que ha recibido el reconocimiento de lectores y asociaciones culturales y de libreros de toda la geografía española. Su obra está siendo publicada en varios países.

Actualmente reside en Benasque, en las montañas del Pirineo aragonés, donde encuentra la inspiración para su trabajo. El latido de la tierra (Planeta, 2019) es su nueva novela.

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